Todos los estudios históricos, antropológicos y sociológicos correspondientes, parecen demostrar que efectivamente, hace poco más de dos milenios, nació en medio oriente un hombre, cuyo ejemplo de vida, impactó de tal forma a sus contemporáneos, que aún hoy en día, conocemos ciertos detalles de su existencia, con mucha más precisión que los que conocemos de los grandes pensadores del siglo XX, por poner el ejemplo más reciente. Independientemente de la comercialización de la vida de Jesucristo, que algunos siglos posteriores a su muerte, hicieron de ésta las primeras iglesias cristianas, continuada además, de forma cada vez más descarada, hasta el día de hoy, por otras tantas religiones fundadas en su nombre, hay algo que siempre deberé reconocer de este hombre: Aunque me sobran razones para ser antirreligioso, antifanático, anticlerical y muchos “antis” más, jamás he encontrado una sólida razón para ser anticristiano.

 

Y si bien no me gusta la devoción religiosa a la cruz como icono, y de hecho me indignan las guerras y conquistas de unos pueblos sobre otros, justificadas aunque sea parcialmente en razones de preferencias teológicas, es un hecho que conforme pasan los años, me descubro cada vez más a gusto, cómodo y en ciertos aspectos, hasta orgulloso, con mi educación cristiana.

Así que este año, elevaré mi copa y brindaré públicamente, con quiera hacerlo conmigo, por un aniversario más del inolvidable natalicio Don Jesús de Galilea, ejemplar profeta y célebre carpintero, divinidades aparte.

¡Feliz Navidad!